Barbero, psicólogo y narrador




Conocí a Hanoy en algún momento del 2022. Era primo de la hija de Mario -la otra persona a cargo del Centro Social y Biblioteca Libertaria ABRA- y estudiaba psicología en la UH, aunque vivía en Matanzas, así que necesitaba un lugar para quedarse los días que tenía clases (una vez por semana). Los que escriben se hacen amigos o se odian casi sin margen para otra posibilidad por la cuestión de la competencia (y algo de envidia). En este caso, fue la primera. La envidia, reconozco que la tengo, surgía de estar en una situación existencial distinta. Él es un narrador en el sentido más puro de la palabra.

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Imagina que eres uno de tus personajes… ¿cómo te describirías?

Soy un tipo al margen por voluntad propia, sin el considerable ruido que eso pareciera llevar aparejado. Un tipo feliz a pesar de todo, incluso dentro de una realidad como la cubana. No pertenezco a nada. Escribo por el placer y la agonía de contar la historia. Gané un premiecito aquí en Cuba, publiqué un libro, sigo leyendo y escribiendo sin ningún tipo de mapeo previo y priorizo exclusivamente lo literario, como si fuera cierto eso de que, una vez que la obra sale del cuarto del autor, ya no es responsabilidad suya. Me gusta mi ciudad, Matanzas (por extensión el mar y mi país), y mi municipio de campo, el campo mismo aledaño a un central azucarero donde nací. Me gusta mi familia, las pocas amistades, la paz y las rutinas precisamente para, muy de vez en cuando, tener la posibilidad de violar algunas.

Su historia de vida lo pone en la intersección de un país más contado (casi imaginario) y otro que se ha hecho a base de realidad.

¿Eres un barbero que escribe o un escritor que sobrevive en la barbería? ¿Qué fue primero? ¿Cómo llegaste allí? ¿Qué te motivo? ¿Cómo se relaciona eso con tu obra?

La literatura fue primero, como a los dieciocho años, terminando el Servicio Militar, la barbería fue después de un largo peregrinaje por trabajos y otros oficios de todo tipo (más o menos fueron, como se dice aquí en Cuba, dieciséis pinchas). Nunca fue feliz en el ámbito laboral hasta que no me establecí como barbero. Nunca antes tuve tiempo ni rutinas literarias. En los trabajos estatales no encajaba bien pues no sabía “resolver” ni “hacer relaciones”. No hay profesiones excluyentes. También soy graduado de psicología y esta tríada es atravesada por el valor de lo humano, por una especie de sensibilidad necesaria para receptar historias (a la barbería es mucho el material en bruto que me llega…) y por el impulso luego de contarlas. Soy barbero, psicólogo y escritor, sin jerarquías (¡y qué bueno!), pues eso me garantiza pincha para rato.

Por supuesto que la literatura era uno de nuestros temas -si es que se puede hablar de eso- comparando gustos, referencias y alguna que otra condensación teórica.

¿Se conecta tu obra con la de otros autores? ¿Quiénes?

Mira: si mi obra de la forma que sea lograra conectar aunque sea un poco con la de Faulkner, ya me sentiría realizado. Faulkner fue el autor con el que tuve esa especie de epifanía literaria, el que me hizo entender que la escritura iba a ser algo definitivo para mí incluso antes de llegar a entender su propia obra. También en lo personal, en lo autodidacta que fue siempre el conde condenado del sur decadente, me he arriesgado a establecer paralelismos. Después se va formando toda una constelación: Rulfo (estoy mirando mi librero), otros norteamericanos como Carson McCullers, James M. Cain, Kesey; Dostoievski, Bolaño, y luego la literatura de mi país, lo cubano (a veces tan abrumador y contundente, a veces raptado e incorpóreo) tardíamente descubierto, sin que esto necesariamente sea nada malo, sino todo lo contrario: Lezama, casi todo Carpentier, un escritor infravalorado como Soler Puig, un apenas conocido como Guillermo Rosales, Novas Calvo y otros tantos más…

Inicio con Hanoy esta sección de entrevistas esperando que Apuntes al (otro) margen deje de ser mi blog personal:

¿Cómo valoras el trabajo de Apuntes al (otro) margen?

Para mí lo principal es que hay una realidad nacional (que no se entienda por “nacional” espacio geográfico) que se va contando a través de una realidad estrechamente personal, y que en ningún momento se percibe tal división. Que esa homogeneidad hace que tú otro margen llegue a ser el mío, y pueda ser también del que se acerque. Que estar al margen no significa ser panfletario ni radical y ya después, creo que hay un trabajo coherente, inteligente y creativo. Una crónica que llega a ser artística, fina y burlesca a la vez, con todos los recursos de la buena narrativa. Punto de vistas personales, y valor… aunque ya la parte del valor —y del nacimiento en el seno de una familia humilde—, mejor se lo dejamos a los historiadores del oficialismo, y al lector… sobre todo a ese.