(Parte I)
Recuperándome del “viaje”. Lo de salir después de meses tiene la desventaja de que es un shock. Se siente un bombardeo sensorial. No es tan grave en sí. El problema es el dolor que va en crescendo. Pero se sobrevive. Debí tomarme algún analgésico antes de salir pero estaba demasiado enfocado en la salida y prepararme para el clima. Me fui de cuero con la chaqueta que me regaló Caterina. Es buen material para el otoño pero en el invierno cerrado se vuelve demasiado rígido.
El frío no fue tanto al principio. Tampoco estuve tanto tiempo a la interperie. Cogimos dos guaguas. Están climatizadas. La última nos dejó a una cuadra del centro cultural. La gente es muy dispuesta a ayudarme a acceder pero, por otro lado, no es como que un lugar muy amigable para las sillas de ruedas. El jardín estaba construido con imitación a adoquines y el salón tenía una pequeña escalera para subir.
El descubrimiento de la noche es El Espíritu de la Exposición. No importa dónde se realicen, todas son increíblemente parecidas. Es fácil identificar al “artista” porque va vestido de “artista”. En este caso era de traje y corbata. Los cubanos eran (somos) más informales. Logré identificar al bohemio (en Cuba lo llamamos “farandulero”) con facilidad. Usan sombrero aunque a veces rehuyen del peine con orgullo.


