Tuve insomnio. Una mezcla un poco de calor -aún no descifro el punto exacto de la calefacción- y algo de ansiedad. Revisé las redes. Quizás lo de la catástrofe no sea una exageración. Las noticias de Cuba me remiten a una ficción medieval en la que sólo faltan los flagelantes. Paro un momento y vuelvo a chequear. Y también veo un inmenso despliegue de cándida ironía que atenúa el panorama. Para un extranjero debe resultar bizarro. Quizás por eso gran parte de la opinión pública mundial nos mira con escepticismo. No entienden lo que ven. Cuando uno trata de explicarlo, se da cuenta de que tampoco lo entiende aunque sabemos todo. Descubrimos que los “por qué” son en extremo ilógicos. Chocamos con la Edad Media y su Universo gobernado por la inescrutable Voluntad Divina.

