“Fui conducido a la 1580…” Eliezet llegó allá tras pasar unos meses más en Valle Grande esperando para ser trasladado a Régimen de Máxima Severidad “… que es un infierno surreal”. La expresión me remite directamente a la literatura cubana. El tema carcelario empieza con Martí, El Presidio Político en Cuba, donde escribe que “Dante no estuvo en presidio”. Escucho la narración ―el audio― y veo el cuadro adquirir líneas y color: “Eso no tiene nombre… maltratos… golpizas a todo momento… comidas en mal estado… desmayos por desnutrición… falta de atención médica… consumo de drogas… violencia” resume en esa última palabra.
“Se vendían bolsitas de leche o azúcar por cajas de cigarros…” el detalle de Eliezet ―que he oído en boca de otros ex-convicto― esboza un sistema de relaciones. No recuerdo si Leonardo lo dijo en una entrevista o en una conversación pero habia una clara diferencia entre la oficialidad de Ivanov, mayoritariamente blanca, y la soldadesca, toda negra. Los kapos (oficialmente Consejo de Reclusos) son escogido de acuerdo a dos criterios: la capacidad de imponerse por la violencia y su voluntad de cooperar con las autoridades. Eso deja a los reclusos a merced de sus pares y los guardias en cuanto a seguridad. La familia puede marcar la diferencia (si su economía lo permite). Y así la estructura de poder y clases queda restablecida.
“El papelito, esta nueva droga sintética, es el pan nuestro de cada día…” lo que me hace preguntarme ―habiendo vivido ambos en ambientes donde la droga era ampliamente tolerada― qué tan grave es la situación. Desde mi experiencia ―tanto con consumidores como ex-convictos― las pastillas, extraídas de la misma enfermería, son algo normalizado en la prisión. Otras sustancias no son rentables. El kimico, por otro lado, es barato y fácil de transportar. El testimonio de Ohauris Rondón Rivero dice “Ellos (los guardias) se la dan a los mismos reclusos para que la vendan y la consuman”. ¿De qué otra manera podría entrarse en esas cantidades y sin que lo detecten?
“Una noche empezó a llenarse de oficiales y vehículos de medicina legal y criminalística…” comenta un episodio. Lo particular de la anécdota, aclara Eliezet, es que “…cuando un recluso se siente mal y necesita un transporte, no existe”. ¿Qué tan a menudo sucede eso? No hay una estadística a la que referirse. Lo que sí llega, a través del artículo de Cubanet sobre el testimonio filtrado, es una idea del estado de salud de los presos: “El prisionero político también alertó sobre la presencia de enfermedades en los barracones como VIH, tuberculosis, hepatitis, COVID, gripe, dengue hemorrágico y sífilis… también hay una epidemia de diarreas” esto último asociado a la falta de agua y la deficiente potabilidad de la poca accesible.
“Resulta que habían muerto dos puercos del general Abelardo Jiménez, jefe de la Dirección de Establecimientos Penitenciarios, y él necesitaba saber cómo” explica la movilización. Un reporte de la Fiscalía General del año 1997 dice que “Los presos pueden producir aves y otros animales apropiados para su alimentación”. En un reporte de Human Right Watch, fechado en 1999, se lee: “…los guardias les prohíben habitualmente alimentarse con los productos y el ganado de las mismas… han recogido información de vigilantes… señalando que los alimentos producidos en los terrenos de las prisiones … estaban destinados a las fuerzas armadas cubanas o los restaurantes turísticos”. Incluiría, treinta años después y varias reformas económicas, a Katapult y Supermarket23 (por sólo mencionar las más populares). Así empieza y termina el ciclo del trabajo esclavo. Termina la anécdota: “Son cosas que no caben en la mente de ningún ser humano que se le de más importancia a unos animales que a los hombres allí”.
“De ahí fui trasladado a Ivanov, donde fue el comienzo, y estuve por tres años”. El lugar estaba dónde y cómo lo dejó. Lo nuevo, al menos en su historia, son “…muchas visitas de la Seguridad del Estado… presiones… chantajes… con la familia… con los otros reclusos… incitándolos a vigilarnos y practicar la delación”. Según el reporte de Human Right Watch que cité antes: “…en los centros que albergan a presos políticos, unidades especiales… de (la) seguridad del Estado se hacen cargo de la supervisiónde los detenidos”. Eso implica toda una estructura del Estado en función de unos presos políticos que, según el Ministerio de Relaciones Exteriores, no existe: “No reconozco la existencia de presos políticos… Son personas que han cometido actos ilegales,… han sido juzgados por tribunales civiles, en procesos ordinarios y con todas las garantías procesales” dice el Canciller en funciones, Bruno Rodríguez.
“Estuve plantado por diferentes causas…” así se llama a la huelga de hambre, lo que es un hito de la resistencia carcelaria cubana. La obra de Ángel Santiesteban, Los hijos que nadie quiso, recoge la práctica. Es uno de los temas tratados en Nobody listened (Jorge Ulloa, Néstor Almendros) y, recientemente, en Plantados (2021) y Plantadas (2023) de Lilo y Camilo Villaplana. “Por golpizas que le dieron a otros presos… medidas arbitrarias… me planté en solidaridad hasta que lo sacaron de la celda”.
“El 10 de abril del 2025 fui traslado hasta el campamento La Lima, donde estoy actualmente, en régimen de Menor Severidad. Lo unico que ha variado es que puedo salir a mi casa una vez al mes durante tres días. Pero las condiciones de vida son paupérrimas… la comida es un horror… Pero así vivo y continúo… pero mis principios no los han podido doblegar… no son negociables… han tratado de hacer lo imposible para que yo claudique y no lo han logrado… me han ofrecido trabajos fuera de la unidad, muy cotizados entre los reclusos, y no he aceptado… jamás voy a comulgar con asesinos… continúo preso pero soy libre”.

