Encontrando a Eliezet
El momento donde se selló el destino —qué manera tan poética de ponerlo— fue cuando Liudegnis y el Kaki se
El momento donde se selló el destino —qué manera tan poética de ponerlo— fue cuando Liudegnis y el Kaki se
“Tenía que entrar al trabajo…” me cuenta Remy “…así que, de nuevo, volví para atrás”. Al poco tiempo de llegar,
Foto de Hansel LF “Hermano, ¿sabes algo sobre la Casa de las Cadenas?” le pregunté al tipo. Era un cincuentón,
Foto de Liu Cobas Kaki había pasado la mañana forrajeando —más que comprando— y se preparaba para almorzar. Los chícharos
Foto de Hansel LF Julito se había “recogido al buen vivir”. Los viejos tiempos del Parque y el Café —drogas,
“Pasé más de cinco días…” me cuenta Liudegnis. Los soltaron por la madrugada, a ella y otro muchacho que había
“¿Qué hacías allí?” le preguntó la oficial a Liudegnis. Foto de Hansel LF Por todo el camino, las Suzukis
No volví a Guanabacoa. Al menos, no como pensaba cuando me fui planeando volver a mi propia casa. Las dos
“Era como la bodega de un barco negrero”. La frase de Alexander se extiende en tiempo y espacio. Ya era
“¡¿Me van a matar?! ¡Mátenme!” le dijo Yassel a la masa enardecida. Las piedras habían obligado a su grupo, que